Autores: Francisco Mazzaro[1]
Ernesto Laclau, quien es reconocido como uno de los teóricos sobre populismo a nivel mundial define al populismo como una estrategia de construcción de poder, que puede ser utilizado tanto por las derechas como izquierdas, y consiste básicamente, en la construcción de una identidad política y social de sectores heterogéneos mediante una gran oposición, en otras palabras “nosotros no somos ellos”. Para este autor el peronismo fue en toda medida (sobre todo aquel de la década del 40) como el ejemplo clásico, ya que a través de consignas de oposición como Braden o Perón, capitalismo foráneo vs industria nacional, cabecitas negras vs cipayos vende patria, etc. podía unificar lo disperso contra un enemigo/opositor fácilmente rechazable.
Si bien la primera vez que se usó esta definición de manera masiva fue con el kirchnerismo, rápidamente se le fue asociado a políticas públicas que no tienen mucho que ver con el populismo como pueden ser déficit fiscal o relajamiento de la aplicación de las leyes. Decimos que no tienen mucho que ver, porque como podemos observar hoy en día después de Trump, Bolsonario y Meloni, podemos tener tranquilamente populismos que promulgan el ajuste, y el orden social.
Milei tiene la palabra para su gran oposición final “la casta”, en su léxico ahí se agrupan todos los miembros de los partidos políticos tradicionales y funcionarios, así como lideres de corporaciones clave. Como todo gran líder populista es el quien puede agregar o quitar nombres dentro de esta lista que representa “la casta”.
Por fuera de esa categoría, busca englobar a aquellos decepcionados de la política tras los fracasos de la gestión macrista y kirchnerista. Jóvenes, adultos, todos aquellos que vieron perder su poder adquisitivo en los últimos 16 años. Difícilmente podemos decir que el elector de Milei en su generalidad es coherentemente liberal, tal vez algunos lo sean, pero en general votan mas por el rechazo a un sistema que no pudo darles respuestas a sus aspiraciones legitimas en un contexto de inflación y devaluación.
El libertario afirma que mediante el cierre del Banco Central y la dolarización de la economía, la reducción del gasto gubernamental, disminución de los giros coparticipables a las provincias, aumentar la flexibilización laboral y mayor intercambio comercial a nivel global, puede satisfacer todas las aspiraciones económicas de la no-casta, o al menos, fastidiar a la casta.
El populista se enfrentaría con una gran pared de la cual no habla en sus discursos, y es el poder real de implementación de sus políticas. Menem, quien fuera presidente en la década del 90 y quien implemento medidas similares, tuvo de respaldo a las estructuras sindicales, gobernadores, intendentes, y un congreso favorable, aun así, debió hacer importantes concesiones con cada uno de esos sectores. Milei, asumirá (en caso de que logre su victoria) completamente aislado.
Sin el apoyo del congreso el único recorte que podrá hacer es en el área del ejecutivo que no explicaría pasar de un déficit a superávit, una reducción en profundidad tendrá que ser si o si aprobada por el congreso, que como decíamos, no le es propio. Con gobernadores opositores que influyen sobre sus congresistas, una reducción de los giros de coparticipación es imposible para lograr avances o consensos a nivel nacional en materia legislativa. Todo esto sin entrar en lo que ya sabemos según técnicos ortodoxos y heterodoxos que en la actual situación la dolarización es demasiado difícil (en el mejor de los casos).
Su único lugar de acción para empezar con el ajuste sería el poder ejecutivo nacional, que por otro lado es el único espacio desde el cual podría beneficiar a sus aliados y militantes para desde allí aumentar su estructura política, que hasta el momento gira enteramente alrededor de él. En otras palabras, cumplir con sus promesas lo aísla y debilita políticamente.
[1] Politologo Graduado en la UNR se desempeña como consultor político y asesor.
